LLL

12.12.2025 – 31.1.2026

Beatriz Elorza, Eloy Velázquez , José Antonio Quintana, Manolo Oyonarte, Mónica Dixon , Nieves Moriano , Joaquin Martínez Cano, Roberto Orallo

Xmas 2

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Balta Gallery cierra el año con una exposición colectiva construida desde la convicción de que la pintura continúa siendo un espacio fértil desde el que pensar el mundo y situarse en él. Las obras que aquí se reúnen pertenecen a una selección de los artistas cántabros más relevantes, quienes con su trabajo construyen un lugar de exploración desde la pintura: un ámbito donde la luz, la materia o el trazo se convierten en formas de resonancia, en gestos capaces de activar recuerdos, intuiciones y una sensibilidad que no se detiene en lo inmediato, sino en la creación y consolidación de un lenguaje propio.

Es a través de las obras de esta exposición que Balta Gallery, una vez más, propone activar formas de sensibilidad que resisten a la velocidad del presente, poniendo el foco en artistas cuya obra destaca por una fuerte impronta personal y una aproximación singular a la creación contemporánea. La muestra propone un recorrido por diversas posiciones pictóricas que dialogan entre sí desde la autonomía de cada lenguaje, sin renunciar a la sensación de conjunto. Lejos de plantear una lectura homogénea, la exposición asume la multiplicidad y cada artista despliega una práctica sostenida en la investigación, la coherencia artística, una trayectoria consolidada y una relación íntima con el acto de mirar, resonando con tradiciones de la historia del arte.

La muestra no solo exhibe obra, sino que propone una reflexión expandida sobre la pintura y su capacidad para perdurar, reinventarse y ofrecer nuevos territorios de lectura. En este sentido, el extenso recorrido y la dedicación de Joaquín Martínez Cano se sitúan en un equilibrio sutil entre luces y sombras, donde la estructura pictórica parece sostenerse en un estado de continua transformación. Heredero de la tradición paisajística del norte, el artista desdobla y recompone la imagen mediante equilibrios cromáticos sobre el lienzo, presentando un trabajo que oscila entre lo concreto y lo intangible. Cada obra suya parece sostenerse en un vaivén entre presencia y disolución, como si el paisaje fuese un organismo que respira.

En contraste, Mónica Dixon genera silencios en sus espacios pictóricos. Sus obras parecen situarse en el instante posterior a la pausa, en la frontera exacta en la que algo podría suceder, pero aún no ocurre. Esa contención dramática conecta con el realismo introspectivo de Hopper, aunque en Dixon desaparecen los personajes y toda la trama queda sugerida por el espacio atravesado por una luz que quiebra la composición. En sus formatos pequeños, la mirada se adentra en la tensión del espacio: la pincelada precisa dirige el ojo, casi como una respiración coreografiada. La luz se despliega a través de gradientes minuciosamente trabajados que envuelven la escena en un halo de expectación.

Desde la fluidez, la pintora Beatriz Elorza compone de manera ágil una coreografía vegetal: formas que sugieren hojas, brotes o movimientos orgánicos, ejecutados de manera vibrante y luminosa. Formada en arquitectura y posteriormente en pintura en Nueva York, conjuga precisión estructural con un trazo suelto y vitalista. Sus obras se despliegan mediante paletas delicadas que contienen brillos internos, como si la superficie estuviera afectada por el viento. Los juegos cromáticos entre rosas, verdes, turquesas o amarillos suavizados evocan sensaciones físicas: en su investigación artística, Elorza no busca representar la naturaleza, sino traducir su impulso.

Las únicas obras escultóricas de la exposición pertenecen al pintor y grabador cántabro Eloy Velázquez, para quien la madera es origen, memoria y protagonista. Lejos de tratarla como una materia neutra, el artista reconoce en cada veta una historia propia, y es habitual que cada obra guarde un relato sobre su procedencia: un árbol que creció en un lugar concreto, una viga rescatada de una construcción antigua, un tocón encontrado en la playa tras un temporal. A través de una sólida trayectoria, su trabajo combina investigación, oficio y sensibilidad. Velázquez revela la figura humana desde la propia materia, como si emergiera de ella por necesidad y sus obras, siempre cargadas de humanidad, plantean preguntas sobre identidad, vulnerabilidad y empatía, invitando a reflexiones en torno a la justicia social, la condición humana y la pertenencia.

Desde otro enfoque, Roberto Orallo traslada al lienzo y a grandes formatos su exploración de lo humano y lo existencial como eje central. Sus piezas interrogan la relación interior e interpersonal, creando escenas donde la geometría parece tensarse y reconstruirse a cada mirada. El artista trabaja desde un humanismo profundo: cada composición es un organismo en diálogo, donde figuras, contextos, silencios y tensiones se organizan como una arquitectura emocional. Esa pluralidad estilística, alimentada por décadas de investigación pictórica, le ha permitido consolidar un lenguaje propio, reconocible y plenamente vigente. Sus obras recientes se sitúan en una esfera introspectiva, casi invernal: un momento de reflexión donde el color aparece quebrado y vibrante a la vez, sosteniendo la intensidad psicológica de las figuras. Orallo es, desde los años setenta, una referencia indiscutible del arte cántabro, capaz de construir imágenes que transforman al espectador y reconfiguran su geometría interior.

Desde esos espacios interiores parece trabajar también Nieves Moriano, cuyos paisajes abstractos funcionan como experiencias emocionales que reflejan un sentimiento interno. Sus obras poseen una delicadeza casi táctil gracias a un tratamiento cuidadoso de la luz y las veladuras. En ellas se intuye un territorio que no es necesariamente real, sino un espacio suspendido entre el sueño y el recuerdo. Sueño verde, uno de sus lienzos más evocadores, despliega un imaginario que combina sensibilidad poética y exploración cromática. Moriano construye paisajes íntimos donde la naturaleza aparece como un estado de conciencia. En su pintura hay un deseo de avance, de apertura hacia futuros posibles, como si cada composición fuese una ventana hacia una introspección luminosa.

Manolo Oyonarte irrumpe con una energía pictórica intensa combinando en su obra dripping, rasgados, contrastes netos y una relación incisiva con el negro, que recoge el impulso de la abstracción gestual. Sus superficies fragmentadas y vibrantes parecen construirse desde el conflicto entre control e impulso, entre cálculo y estallido. Los colores aparecen como destellos, matices fugados, latidos que evitan la estridencia y se integran en una estructura que sostiene la fuerza del gesto. Oyonarte transforma el espacio pictórico en un campo de tensión dinámico, donde forma y ritmo conviven con una introspección conceptual.

La pintura de José Antonio Quintana surge de una tensión productiva entre gesto, materia y construcción de imágenes. Quintana incorpora pigmentos y elementos no convencionales como papel, tierras, grafito, metales como hierro o bronce, arena para articular escenas que funcionan como detonantes del proceso más que como relatos cerrados. Sus obras atraviesan fases de caos controlado que el artista ordena lentamente. Aunque su trabajo parte de lo figurativo, la forma ha ido evolucionando hacia una creciente depuración visual.

Las obras aquí reunidas muestran cómo la pintura, en sus múltiples direcciones, sigue siendo un espacio de pensamiento, emoción y descubrimiento. Desde la luz hasta la materia, desde el gesto hasta el silencio, cada artista amplía el horizonte de lo visible y revela formas de percepción a través de su práctica artística. Balta Gallery propone, así, un recorrido que invita a mirar con calma, a detenerse y a respirar con la imagen; un espacio donde el espectador pueda reconocerse en materias que laten, en paisajes que sugieren otros tiempos, en figuras que interrogan o en abstracciones que abren puertas hacia lo desconocido. La exposición se convierte en un territorio común donde la pintura demuestra su vigencia, su capacidad de reinventarse y de seguir generando preguntas que nos acompañarán.